Relatos

Andá decile a Marta que las mújeres no entienden de fútbol

Las mujeres no entienden nada de fútbol. Esta seguidora nuestra cree que estás equivocado.

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Alex Morgan

Al terminar cierto partido importante de la Copa Libertadores, exactamente 2 años atrás, estuve encerrada en un bus por tres horas en el medio de una ciudad brasileña. No podíamos salir de las inmediaciones del estadio porque los hinchas del equipo contrario querían asesinarnos (literalmente).

Había varias mujeres en el micro, algunas eran madres que acompañaron a sus hijos, y otras eran como yo, que viajaron más de mil kilómetros, prácticamente sola, para ir a ver ese partido que perdimos. De algún lugar de atrás del micro escuché una voz masculina de un adolescente que dijo “Mujer hablando de fútbol, no na.” Respiré hondo y me callé, porque el ambiente en el micro era tan sombrío que íbamos a matarnos entre todos antes de que nos alcancen los hinchas brasileños.

Lo admito. Yo no sé de fútbol como lo saben muchos amigos míos. Casi no veo partidos internacionales a menos que esté esperando en alguna fila y lo pasen por la tele. No soy fanática de ningún equipo europeo, y hace rato me curé de simpatizar por equipos argentinos.
Pero nadie me puede decir que no entiendo de fútbol.
Fui a la cancha por primera vez cuando tenía 7 años, y tan poco me importaba el partido que llevé un libro por si me aburría. Y aquella tarde calurosa de 1996 en el Defensores del Chaco me enamoré. Me enamoré del deporte y de unos colores. Hasta ahora no sé cómo describir ese sentimiento que me causó, pero es una mezcla de orgullo y asombro ante algo tan simple como 22 personas pendientes de una pelota.

Jugué fútbol desde los 12 hasta los 18 años, primero de 10 y después de lateral izquierdo. Soy diestra para escribir pero puedo chutar y manejo la pelota con ambos pies. No estaba cerca de ser la mejor jugadora en el equipo, pero sí era la que corría hasta que mis cortas piernas colapsaban.
Desde aquella tarde de 1996, fui a la cancha casi todos los fines de semana. Iba con mi mamá, porque mi papá no apreciaba el fútbol como ella. Mis compañeros de colegio siempre me decían para ir, pero era bola. No querían que vaya con ellos, porque era una actividad de los perros. Para ellos, yo no tenía nada que ver ahí.

A los 12 lloré por el fútbol… por primera vez. Cuando a mi equipo lo golearon en México y perdimos 8 a 2. Todavía tengo la agenda Pascualina donde escribía todos los resultados y guardaba las entradas. A los 14 prácticamente me escapé de la casa para ir a ver a mi equipo jugar, y ganar la Copa Libertadores.

Yo entiendo el punto de vista de los hombres. La cultura del fútbol es algo que aman y siguen desde que son chicos, porque prácticamente se les ata una pelota de fútbol al pie desde el momento que aprenden a caminar. A nosotras, no tanto. Es casi una decepción para los padres si el hijo no demuestra interés en el deporte. En mi familia cuestionaron que practique fútbol varios años, hasta que se dieron cuenta que eso no iba a cambiar.

¿Y no te lastimás? ¿No te pegan? Claro que me lastimaba. Una vez jugué un partido contra el equipo femenino de Libertad; todas medían al menos un metro más que yo y terminé con moretones hasta en la frente. Pero por alguna razón era más aceptable que me arañen en un partido de handball (que para mí es el equivalente del rugby femenino) a que me pateen en uno de fútbol.
Ahora es mucho más normal que las mujeres jueguen, e incluso ya existe una Copa Libertadores Femenina, en la que siempre participa algún equipo paraguayo. Pero sigue esa mentalidad de dinosaurio de que por ser mujeres no entendemos. Que nos hacemos de las fanáticas para levantar tipos o mirarle a los jugadores por su exuberante belleza, a la Lolo Abente. Que tuiteamos porque está de moda y ni siquiera sabemos lo que es un offside.Bitch, please. Yo era la que salía en los tiros libres para que las otras jugadoras entren en offside.

Equipo de la UAA que disputó la Libertadores. Foto: abc color.

Equipo de la UAA que disputó la Libertadores. Foto: abc color.

Yo sé que la mayoría del fútbol femenino no es entretenido, porque muchas veces son cinco jugadoras del mismo equipo pateándose entre sí, y ya me tocó jugar contra una chica que una vez tiró un lateral desde el corner. Pero no es por falta de talento, es simplemente que la mayoría no jugó fútbol desde que puede caminar. Y tampoco puedo negar que somos más frágiles que los hombres y nos lastimamos más fácilmente. Sé que hay miles de minitahs que dicen que les gusta el fútbol porque sí, pero también estoy segura que hay muchos hombres que ven fútbol por inercia, porque es lo que les inculcaron desde chicos, y no sienten ni la mitad del amor por el deporte que sentimos algunas.

El año pasado viví drogada de la felicidad que me causó la campaña internacional de mi equipo. Pasé un día bajo la lluvia para comprar mis entradas. Hice maravillas en el trabajo y la facultad para poder ir a todos los partidos. Viajé a Argentina y ligué cuatro vacunas en un día para poder ir a Brasil. Me deprimí cuando eso acabó, un año atrás. Apenas me pude levantar de la cama en los días siguientes, y la próxima vez que los vi jugar en el torneo local, lloré como si estuviera en un funeral.

Yo entiendo, igual o mejor que cualquier hombre, lo que es que te arrebaten un sueño en 90 minutos. Entiendo lo que es identificarse con unos colores, por más que escape a la lógica y esté al borde de la locura amar tanto a un equipo. Porque para mí, al igual que a los hombres, no es solamente fútbol. Es un lazo inquebrantable que siempre voy a tener con mi mamá, es lo que me hace feliz o me puede arruinar la semana, y ya que estamos, es mi pasión.

Así que vos, pendejo, andá decile a Marta que las mujeres no entienden de fútbol.

Texto de Eli Ugarte, quien quiso compartir con nosotros su historia. Gracias Eli, ¡Esperamos más textos!

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