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El fútbol indígena en el Pantanal Paraguayo

A casi 1.000 kilómetros de Asunción, lejos de la televisión, de los micrófonos, de la violencia absurda, en medio de necesidades y de pobreza estructural, pero arropado de una belleza natural única, el deporte más hermoso del mundo se hace presente en las comunidades indígenas del Pantanal paraguayo y en la lejana Bahía Negra. Esta es una parte de la historia. 

Minutos antes de las dos de la tarde de este caluroso sábado, los primeros en llegar al Estadio 13 de Octubre de Puerto Diana, aquí en Bahía Negra, departamento de Alto Paraguay, son los árbitros. Al costado de la cancha hay una pequeña mesa con tres butacas, que la dirigencia local prepara para recibirlos. En la mesa está la carpeta con las planillas de los dos partidos que tienen que dirigir. Los árbitros se equipan mientras sorban tereré, para aplacar el intenso calor.

Los árbitros del partido entre Capitán Pintura vs JJ. Sánchez.

Daniel Roa (41 años), Milciades Ovelar (45) y Víctor Arzamendia (43) se ponen la camiseta negra con vivos verde fosforescentes que atrás, en letra blanca, tiene la inscripción: Círculo de árbitros de Bahía Negra, el cual se formó hace un año y tiene actualmente a 10 miembros. A los pocos  minutos, los arcos de la cancha ya tienen puestas las redes y en las esquinas, los palos que eran ramas de árboles que cuelgan una banderita con los colores rojo, blanco y azul sirven de banderines para los córners.  Una bandera gigante con los colores del Capitán Pintura da la bienvenida al Estadio. Todo está listo. La gente llega y se ubica en los tablones que hacen de grada detrás de uno de los arcos.

A las 14.30 arranca el primer partido. En la cancha, que de pasto no tiene nada, levantan polvo las jugadoras de Club Capitán Pintura (CCP), de la comunidad indígena de Puerto Diana y las del JJ Sánchez, uno de los clubes más tradicionales de Bahía Negra. El partido corresponde a una fecha más del campeonato femenino de la Liga Bahianegrense de fútbol, que desde el 2017 incorporó el torneo de mujeres. Hasta el momento hay cuatro equipos y para las chicas, es una oportunidad y honor defender los colores de su comunidad.

– “Nosotros decidimos jugar por Capitán Pintura porque es defender a nuestra comunidad y a nuestro pueblo” define Cristina Ortíz, arquera de Capitán Pintura, equipo que salió campeón en el torneo inaugural.

Junto a Cristina juegan sus tres hermanas; Griselda, Maria Elda y Enélida. Cada fin de semana, casi como un ritual, se preparan para defender los colores de su querido CCP, que no es Cerro Porteño, pero que daría igual para ellas, salvo para Griselda, la única fanática de Olimpia. Las demás son hinchas del Ciclón de Barrio Obrero.

En el equipo femenino de Capitán Pintura, además de que cuatro hermanas juegan juntas, se dan otros casos pintorescos. Por ejemplo, una mujer comparte vestuario con su hija, y en el partido contra JJ Sánchez justamente la mamá sustituyó a su hija promediando el segundo tiempo del partido.

El fútbol femenino entró con fuerza en las comunidades indígenas de Bahía Negra desde 2017.

Ambos equipos tienen camisetas, shorts y medias completas, además de cuerpo técnico. El encuentro se vive de manera intensa y no faltan los reclamos a los árbitros. Para cualquiera que observe la cancha dura, el terreno sería hostil, pero para estas mujeres se trata de un campo de juego normal. Muchas de ellas demuestran sobrada técnica. Si bien se divierten, el objetivo siempre es ganar. La competencia se siente durante los 40 minutos que dura el partido (20 minutos por etapa) pero una vez que se escucha el pitazo final, hay camaradería.

Los fines de semana, cuando el Capitán Pintura juega de local, la Comunidad de Puerto Diana se vuelca para ver a sus jugadores. Porque el Capitán Pintura no es sólo un equipo de fútbol, es la representación de la comunidad y el nombre significa una gran responsabilidad para el honor de la Nación Yshir, la etnia indígena que corresponde a las cuatro comunidades indígenas que están dentro del distrito de Bahía Negra.

Durante la guerra del Chaco entre Paraguay y Bolivia (1932 – 1935) un indígena Yshir peleó con las tropas paraguayas para defender el territorio chaqueño. El indígena tenía el cuerpo pintado y su función, más allá de lo bélico, fue vital para las tropas paraguayas, ya que sirvió de guía e instructor para que los soldados paraguayos puedan obtener agua y alimentos provenientes de la naturaleza, lo que les sirvió para aguantar en zonas inhóspitas.

No hay, sin embargo, documentación que acredite que el indígena Yshir de la Guerra realmente haya tenido el apellido Pintura, pero las crónicas bélicas al respecto hablan de que el mismo era conocido como Pintura, por su peculiar forma de pintarse a la hora de las contiendas.

“Nosotros decidimos jugar por Capitán Pintura porque es defender a nuestra comunidad y a nuestro pueblo” – Cristina Ortíz, arquera de Capitán Pintura.

“Para nosotros el Capitán Pintura es nuestro héroe máximo. Peleó por nosotros y gracias a él, nuestra comunidad se pudo mantener a la ribera del río, porque el resto de los indígenas tuvieron que irse más hacia el centro. Con su lucha expulsó a muchos extranjeros que quisieron quedarse con nuestra tierra” expone Marciano Barboza, uno de los líderes de la Comunidad de Puerto Diana y miembro de la directiva de la Nación Yshir.

Cada fin de semana el público apoya a Capitán Pintura. Fútbol hay uno solo, dicen.

Barboza tiene su casa pegada a la cancha del 13 de Octubre. Fue fundador del club Capitán Pintura, que nació como un centro recreativo para los indígenas de la comunidad, en el 2005. Cuando se fundó la Liga de fútbol de Bahía Negra, en el 2011, el equipo se inscribió para participar del torneo. Actualmente, hay siete equipos que disputan la Liga. Capitán Pintura es el más ganador hasta ahora. Tiene tres títulos  y cada año pelea por los primeros lugares. “Hay que hacer honor a lo que nos dejó el Capitán Pintura” dice Barboza.

Los colores del club también tienen su significado; El verde representa a la naturaleza que rodea a todo el distrito. De hecho, Bahía Negra es el corazón del Pantanal paraguayo –que forma parte del Gran Pantanal Americano, con Brasil y Bolivia- y  el color blanco representa el agua, la paz y la esperanza que tiene el pueblo de la comunidad. Para los Yshir, el fútbol se ha convertido en su cultura y es transversal a las generaciones. Lo siguen los abuelos, los padres y disfrutan más los hijos e hijas.

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Jugar al fútbol en Bahía Negra

Del centro de Bahía Negra hasta Puerto Diana hay un par de kilómetros de distancia, por lo que, si después de una temporada de lluvia no se puede transitar –algo usual en la zona- los jugadores tanto de JJ Sánchez o de Capitán Pintura caminan ese trayecto para cumplir con el compromiso.

El verdadero problema surge cuando hay que ir a Puerto Esperanza, la otra comunidad indígena que también participa del torneo de la Liga. Desde Bahía Negra hay al menos 28 kilómetros de distancia y en época de lluvia, transitar con vehículos por la zona es prácticamente imposible, por lo que generalmente lo que les queda es ir en bote, por el río Paraguay. Pero como muchas veces no hay botes ni lanchas disponibles para trasladar a todo el equipo, se hace lo simple: caminar.

-“La vez pasada tuvimos que ir hasta Puerto Esperanza y el camino no daba. Entonces tuvimos que ir caminando. Salimos muy temprano ese domingo para llegar a la hora del partido. Hicimos gran parte del camino en moto, pero después ya no pudimos avanzar y caminamos, algo así como siete u ocho kilómetros en lodo y agua” cuenta como si no pasara nada Osmar Escobar, uno de los jugadores de Capitán Pintura.

Arriba, el equipo de Capitán Pintura. Abajo, el cuadro de JJ Sánchez.

Pero no se trata solamente de caminar kilómetros y kilómetros, sino de sortear charco, agua, lodo, bajo el sol impiadoso o una humedad galopando. Pero los jugadores de Capitán Pintura no se quejan. Como tampoco se quejan los árbitros, que deben hacer la misma travesía, ni los jugadores de Sport Primavera de Puerto Esperanza, cada vez que tienen que salir a jugar de visitante, ni los de la comunidad 14 de Mayo.

-“Ahora, el que tiene problemas –sí, para Osmar Escobar encontramos que hay problemas- es el club 14 de Mayo de Karcha Bahlut (de la comunidad indígena del mismo nombre) que ahora tiene la cancha inundada y está utilizando otras, algunas veces de Capitán Pintura o de JJ Sánchez para jugar de local” expone Escobar.

La Liga Bahianegrense de fútbol se fundó en el 2011 y desde el año pasado cuenta igualmente con su propio círculo de árbitros. Actualmente hay siete equipos que juegan en la Liga, pero la intención siempre es ir creciendo. El actual presidente de la entidad es Estanislao Báez y depende de la Federación de fútbol del Departamento de Alto Paraguay.

Para jugar contra Sport Primavera, de la Comunidad de Puerto Esperanza, los jugadores de Capitán Pintura tuvieron que dejar sus motos y caminar, sobre lodo y agua, más de 8 kilómetros.

Amor y honor por la camiseta

Lejos de los lujos o grandes sueldos que se habla en el fútbol profesional, los jugadores de la Liga bahianegrense no cobran nada. Al contrario, ponen de su bolsillo para poder estar en el torneo de cada año, en la mayoría de los casos. Todo se consigue a pulmón y el verdadero amor a la camiseta.

JJ Sánchez ganó 2-1 a Capitán Pintura en su cancha de Puerto Diana.

“Nosotros tuvimos que comprar este año nuestra camiseta. Hay veces que conseguimos ayuda pero la verdad es que siempre hacemos “vaquita” entre todos para poder tener nuestras indumentarias” dice Escobar, retratando un poco la realidad de todos los demás equipos y sus jugadores.

Todos los jugadores se dedican a otros menesteres, incluso los directores técnicos. Desde pescadores hasta peones de estancia, o algunos tienen iniciativas propias como la artesanía, pero absolutamente nadie vive del fútbol, pero juegan como si así lo hicieran.

Presidente y entrenador

Desde inicios del 2017, don Silvano Balbuena (48 años) es el presidente del Club Capitán Pintura (CCP) de la Comunidad de Puerto Diana. De profesión pescador, don Silvano no tiene otra que también ser el propio director técnico del equipo, atendiendo que la situación financiera de la institución no está en condiciones de darse el lujo de pagar a un entrenador.

– “Lo que hacemos para tener plata es juntar con nuestros jugadores, con sus familiares. Cada tanto hacemos vaquita (un sistema de juntar dinero en donde cada integrante del grupo pone una cantidad de dinero) para poder hacer con los gastos. Por ejemplo, pagar a los árbitros, porque a veces, las recaudaciones tampoco alcanzan para eso”  dice don Silvano.

Los propios jugadores deben comprar sus camisetas y por supuesto sus botines. Pero casi todo hacen en forma colaborativa, de tal forma que ningún jugador se quede sin tener sus atuendos. La misión es que todos tengan equipo completo para empezar el torneo, algo del cual don Silvano se jacta: “Este año fuimos el único equipo que ya tenía todo, camiseta, short y medias completas para empezar el campeonato” expone el Presidente y DT.

Don Silvano, sin embargo, deja entrever un sueño. “Hace poco nos invitó un club de Asunción (Guaraní) para conocer el club, para ver cómo se entrenan en Asunción, lastimosamente no pudimos ir porque no conseguimos para el pasaje de todos los muchachos. Para nosotros sería un sueño ir a conocer un estadio de Asunción o ver cómo entrena un equipo de Primera, o sea, un equipo profesional” suelta don Silvano, y le brillan los ojos.

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Termina el primer partido y las mujeres no pudieron hacer goles. Capitán Pintura y JJ Sánchez salen igualados. En los tablones hay más público y dos perritos también se hacen presentes acompañando a sus dueños para ver el encuentro deportivo.

Ahora se prepara el fútbol masculino. Los jugadores forman una fila de cada lado e ingresan a la cancha por la mitad del campo de juego, con los árbitros frente a ellos. No es, por supuesto, la presentación de un partido de la Copa Libertadores, pero acá la procesión se cumple como tal y con total seriedad, porque así entienden esto. Luego se colocan de lado a lado, se saludan con los árbitros primero y luego entre ellos. Todo con mucho respeto.

Una vez terminado este rito, algunos se santiguan, otros elevan sus dos manos hacia arriba y evocan palabras al cielo. El árbitro Ovelar autoriza el inicio del partido.

La cancha se hace un polvorín y unas nubes parecen apiadarse de todos para tapar el sol que a estas horas castiga. Son las 15:15 y la cancha del 13 de Octubre es un hervidero. El partido se vuelve duro, áspero y termina con la victoria del visitante: 2-1 del JJ Sánchez.

Con canchas duras de lodo y sin pasto, lejos de flashes y lujos, con horas de caminatas para jugar, sorteando miles de obstáculos para llegar a destino y sin un incentivo más que el honor de defender sus colores y sus comunidades, así es el fútbol aquí. O como mejor pinta Osmar Escobar: “Así es el fútbol en Bahía Negra”.

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