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El jugador que se pintaba la cara, y le pintó la cara a la caretada

Hoy toca charlar sobre un gran futbolista, no por su manejo del balón, sino por el manejo que tenía para elucubrar frases épicas: estamos hablando de Darío Dubois.

Amén del rebuscado juego de palabras en el titular hoy toca charlar sobre un gran futbolista, no por su manejo del balón, sino por el manejo que tenía para elucubrar frases épicas que lo marcaron en todo su paso por las divisiones inferiores del fútbol argento, estamos hablando de Darío Dubois, aquel jugador que se pintó la cara como si fuese líder de una de las  bandas de black metal noruego como Mayhem, Immortal o Gorgoroth.

Vale la pena aclarar que Dubois no sólo fue conocido por haberse pintado la cara, sino por pintarle la cara de nabo a aquellos con los que él no estaba de acuerdo, anécdotas se cuentan al por mayor en las inferiores, y a esta altura del campeonato, ya se convirtió en una leyenda de los potreros kurepís.

Con esa cara, metía miedo y admiración a todos sus adversarios

Con esa cara, metía miedo y admiración a todos sus adversarios

Hace un tiempo, un tuit de @fboxia revivió a este mítico personaje que el 17 de marzo de 2008 dejó este plano dimensional, y como a nosotros nos gusta hacer efemérides totalmente arbitrarias, hoy lo recordamos por cómo fue, un rebelde con botines y gambeta.

Siempre "vikeado" (no del  verbo de Varg Vikernes (?)) por los canas y las autoridades, Dubois supo imponer su ideología en las canchas

Siempre “vikeado” (no del verbo de Varg Vikernes (?)) por los canas y las autoridades, Dubois supo imponer su ideología en las canchas

El pintarrajeado jugador se convirtió en un verdadero ícono de lo que se conoce como “cultura del ascenso”, que junto con el “Trinche” Carlovich (quien se merece un post aparte) están en lo alto de aquel cerro al cual sólo llegan los más sobresalientes, de entre los que no sobresalieron del fútbol de ascenso. Era uno de esos deportistas que juegan por un cierto prestigio dentro de ese círculo, tal convicción pudo ser corroborada a mediados del ’95 cuando Darío defendía la camiseta de Lugano. Por ese entonces, una empresa auspiciaba a la entidad y prometía abonarle 40 pesos por partido ganado a cada uno de sus jugadores.

El elenco porteño había ganado tres partidos consecutivos, y cuando se aprestaba a disputar el cuarto partido, Dubois adoptó una postura singular, en la que puso en evidencia sus ideales, tal como después comentó un amigo: “Como no nos habían pagado decidí llevarme una cinta aisladora negra para taparme la publicidad de la camiseta. Pero justo en ese partido (frente a Acassuso, en Boulogne) me la olvidé. Y entonces, como había llovido, apenas salimos a la cancha hice como que me persignaba, agarré barro y me tapé la publicidad.

La camiseta naranja quedó toda cubierta por el barro. El sponsor se ‘cagaba de risa’ de nosotros y no nos pagaba. Yo, con esa guita, viajaba“, relató para argumentar el por qué de su accionar.

Quizás, si hay más jugadores como Dubois, la cuestión monetaria del fútbol actual (especialmente en Paraguay) sería distinta.

Quizás, si hay más jugadores como Dubois, la cuestión monetaria del fútbol actual (especialmente en Paraguay) sería distinta.

Otra de las curiosidades de Dubois, es que el afirmaba que no le gustaba el fútbol, que jugaba sólo para poder mantenerse. En una nota al portal hermano ‘En Una Baldosa‘, manifestó: “No me gusta jugar. Lo hago porque es muy competitivo y me entreno mucho. No como carne roja, no fumo, no tomo alcohol ni drogas. Nunca lo hice. Además, la poca plata que gano me ayuda. Mi posición económica es desastrosa.

Cuando decidió inclinarse por el fútbol como vía de escape a la pobreza franciscana nuestro héroe pasó por un montón de clubes de las inferiores, comenzando en el ’93 con Yupanqui de la tercera división, por lo que se puede deducir que conoció todos los aspectos de ese sub-mundillo de canchas de barro y líneas de cal mal dibujadas, y en casi todas esas instituciones tuvo algún que otro encontronazo con los dirigentes por su idea de luchar a favor de los jugadores de ascenso y sus derechos laborales.

Una anécdota que sobre sale en ese contexto es cuando denunció las oscuras acciones de los hombres que se encargan de destruir las categorías más humildes del fútbol vecino. En 2003, por ejemplo, durante una entrevista en ‘Ascenso 950’ por Radio Belgrano, dijo “El presidente de Juventud Unida (Juan José Castro) nos ofreció plata para perder, para que ellos ganen y para que él entrara en una reelección de San Miguel. Rata inmunda, jugamos gratis e igual queremos ganar y nos ofrecen plata; igual, le escupí y le dije ‘metéte la guita en el orto’ y que no la vamos a recibir… pero es un político, vende merca, vende armas, ¿qué se puede esperar de él?

Una de las historias que lo catapultó a la inmortalidad fue una que relaciona a un árbitro: “Una vez jugando para Midland enfrentábamos a Excursionistas en el Bajo Belgrano. En la segunda falta que hago el árbitro Juan Carlos Moreno me saca la segunda amarilla y cuando me saca la roja se la caen 1500 pesos del bolsillo; me zambullí al suelo, agarré la guita y me fui corriendo. Me seguían todos: el árbitro, los jugadores, cuerpo técnico, se armó un quilombo que ni te cuento. Adentro de la manga, rodeado, le dije al juez: ‘Este es el premio que vos me sacas por echarme, hijo de puta’. Al final se lo terminé devolviendo porque sino me daban veinte fechas.” El Che, un poroto.

El makeup
Ya hablamos de varias de sus facetas, pero todavía no de aquella que más sobresalió, el maquillaje. En una nota aclaró que lo hacía porque le daba más energía: “Me gusta mucho el black metal, el metal hecho en Noruega y Finlandia, me siento identificado y por catorce fechas me pinté la cara de esa forma (que es más o menos como se pintan los de Kiss, también) porque me da más energía, lo hago en el fútbol, y en la música, porque también laburo como músico y productor de sonidos para otros shows, los chicos creen que es una payasada, pero para mí no. El fútbol es increíblemente fascista, desde los dirigentes, el cuerpo técnico, hasta algunos jugadores, es muy feo, muy asqueroso, entonces lo hago para incomodarlos. Al final, terminaron haciendo una ley en el fútbol que me prohibía pintarme para salir a los partidos, y entonces dejé de hacerlo, no quiero fanfarronear, pero creo que por mi culpa pusieron esa ley.”, explicó en 2007, en una entrevista telefónica.

Tenía una novia, bueno, un novio en realidad, porque era medio travesti, que me ayudaba con las pinturas en la cara antes de cada partido“, contó sin sonrojarse.

Dubois bromeaba mucho también con el aspecto de la homosexualidad, ya que solía afirmar “Me gusta el golf, pero no tengo filo (se ríe). Vivo mi presente de músico y futbolista. Si mañana tengo que trabajar de gay en un puterío, lo voy a hacer“, y ante la pregunta sobre si era gay respondió “Está abierto a que todos piensen lo que quieran. Yo sé muy bien lo que hago con mi cuerpo, y como dice un amigo, ‘con tal de que tenga pelo y se cepille, sirve‘”. Muchachos, guarden esta última frase.

El black metalero llegó a jugar en Atlético Lugano (1995/97 y 2001), Ferrocarril Midland (1998/99 y 2001/02), Deportivo Riestra (1999/2000), Laferrere (2000), Cañuelas (2001) y Victoriano Arenas (2002/04). A mediados de 2005 se rompió los ligamentos y su club, Victoriano Arenas, no se hizo cargo de la operación (por diferencias entre el jugador y la dirigencia). Finalmente, entre varias especulaciones de su retorno, Darío soltó la pelota (al menos la de fútbol), y se dedicó al mundo de la música, haciendo de sonidista en los boliches y fundando una banda tributo a Vox Dei de Argentina y otras dos bandas más.

Dubois quedó para siempre en el recuerdo de los perrosEl 17 de marzo de 2008 falleció producto de dos balazos que lo tuvieron peleando por su vida durante dos semanas. Tenía 37 años.

Desde acá, le brindamos el más sentido homenaje, y saludamos a un rebelde dentro y fuera de la cancha, a aquel jugador que hace falta ver más de seguido, con una idea, sin caretas y frontal, y con un sentido de moralidad que muchos no entienden pero que habla de su propio código de persona. Un gigante. Nos vemos arriba o abajo Dubois. Te saludo de pie.

 

 


Darío Dubois por smokeseller

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