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La leyenda del “Ancho” Ibarra (II): talento en el Bettega

Después de descender con San Lorenzo, el camino del Ancho parecía ser uno hacia el olvido, pero aquel 2004 traería un cambio de equipo que transformaría su carrera para siempre.

Pueden leer la primera parte de la historia del Ancho aquí

Del Vogel al Béttega

En el año 2004 San Lorenzo disputaba el complicado torneo de la Intermedia, con Ibarra como estandarte. En esta etapa su “lentitud extrema” lo limitaba su juego a probar pelotazos, convirtiendo su estilo en uno más predecible y fácil de marcar que antes. Disputó la mitad del campeonato con el “Rayadito” pero a mediados de año fue firmado por el club de Primera que parecía que menos representaba el juego lírico y el talento innato del Ancho: Tacuary, que en ese momento se encontraba en el tercer lugar del Apertura. Ir de San Lorenzo a Tacuary es una coincidencia bastante llamativa, ya que el Rayadito fue fundado en 1930 con el nombre de Tacuary Sport.

Lo que aparentaba ser una unión destinada al fracaso en realidad le otorgaba a Ibarra un espacio donde podía maximizar sus dotes naturales dentro de la cancha. Al jugar en aquel equipo, cada ataque era encarado con 80 metros de campo abierto, debido a que antes todo el equipo se plantó frente a su propia área mientras atacaba el rival, un estilo que convirtió al club en un adjetivo: “defender a lo Tacuary”. Todo este espacio libre podía ser aprovechado por un jugador que tenga los pies suficientemente calibrados para cruzar la pelota por decenas de metros y que la misma sean tan precisa que caiga al pie de su compañero, exactamente lo que ofrecía aquel mágico pie derecho del ex Rayadito.

“El ‘Ancho’ tiene una magia en los pies y felizmente lo tiene Tacuary en su plantel” – Julián Ferreira

En sus primeros partidos ya dio muestra que había llegado al “Tacua” para ser un jugador esencial para la institución. Debutó en un partido candente, en la Liguilla Pre-Sudamericana ante Guaraní, y ya se hizo sentir con un gol, pero no fue suficiente porque el Aborigen ganó por 4-3 y terminó pasando a la final. Aquel gol sería la primera de las incontables alegrías que traería el Ancho a la institución manejada por el polémico Francisco Ocampo.

El terror de la Franja

Desde su ascenso a Primera en el 2003 Tacuary había aprovechado más que cualquier equipo el mal momento futbolista que atravesaba el Olimpia después de obtener su tercera Copa Libertadores. Su dominio fue tan categórico que ganaron 7 de los primeros 11 partidos que disputaron entre ellos, algo nunca visto ante un equipo que siempre devoraba a los recién ascendidos como si fueran un simple aperitivo.

Cuando llegó el Ancho este dominio de Tacuary sobre el Decano se mantuvo, y los partidos siguientes harían que Ibarra se convierta en un símbolo de esta capacidad del equipo de barrio Jara de levantar su nivel contra el rival de blanco y negro. Convirtió goles en los dos primeros partidos que le tocó jugar frente al Decano, en el Clausura 2004, ambos con su característico remate violento colocado al ángulo.

Tras otras destacadas actuaciones vino el partido que lo transformaría en leyenda, jugado el 9 de octubre de 2006. En el Bosque de Para Uno el partido iba en camino a un aburrido e inevitable 0-0, resultado que siempre buscaba el estilo táctico de Ocampo, hasta que en el minuto 73 el técnico Julián Ferreira activo la señal que buscaba reemplazar colgarse del travesaño con inventiva y buen fútbol: la “Anchoseñal”. Esto significaba que Ibarra tenía solo 17 minutos para dar vuelta el partido.

No hizo falta esperar ni siquiera unos minutos, porque en la primera pelota que toca, cerca de la mediacancha, encara hacia el arco y detona un derechazo desde unos 25 metros. La pelota se dirigió el arco como si fuera una bala, vivoreando en el aire hasta incrustarse en el ángulo derecho de Henry Lapczyk, quien nada pudo hacer ante semejante tiro.

El momento exacto que el tiro del Ancho entra en el ángulo de Lapczyk (ABC Color)

El momento exacto que el tiro del Ancho entra en el ángulo de Lapczyk (ABC Color)

Un gol tan impactante merecía un festejo igual de inolvidable y el Ancho no defraudó, desplegando sus alas para hacer el avioncito, imagen que hasta hoy es la más recordada de toda su carrera. Más que un avioncito, fue un avión jumbo.

Todos los hinchas en el estadio quedaron en estado de shock, sufriendo otra estocada más del jugador que uno menos esperaría que sea su verdugo. Fue un gol tan extraordinario que algunos hinchas terminaron aplaudiendo, aunque se podría decir que eran aplausos irónicos dirigidos contra su equipo. Finalmente el partido terminaría 2-0, con un gol de una ex-eterna promesa del franjeado: Gilberto Palacios.

Entre el Clausura 2004 y el Apertura 2007 el Ancho convirtió 3 goles y dio 3 asistencias ante Olimpia, sin dudas números importantes para un jugador quien no era delantero y en la mitad de los partidos ingresó como suplente. Fue el equipo a quien más goles le convirtió durante su periodo en Tacuary. También hizo sufrir al otro equipo blanco y negro. Libertad, con sus potentes tiros libres y manejo de balón.

La eterna lucha contra la balanza

Mientras Emilio Ibarra iba sumando años a su carrera, los kilos también se sumaban a un ritmo cada vez más frenético, llegando cerca de los 100 kilos. Este aumento ya empezó a costarle minutos en cancha, pues ya no poseía aquella energía que solo otorga la juventud y su cuerpo sufría las secuelas de correr con tantos kilos de más encima, como un caballo arrastrando un carro cargado hasta el tope.

A pesar de ser el más corpulento, no siempre ganaba en el cuerpo a cuerpo (ABC Color)

A pesar de ser el más corpulento, no siempre ganaba el cuerpo a cuerpo (ABC Color)

El cuerpo técnico y la dirigencia de Tacuary siempre buscaba como lograr que el Ancho pueda acercarse a su peso ideal. Esa necesidad que disminuya su masa llegó a tal punto que un socio fanático del club ofreció a Ibarra 500 mil guaraníes por cada kilo que bajaba. Podría parecer poco dinero, pero si llegaba a bajar hasta su peso ideal ganaría casi 10 millones de guaraníes, una suma para nada despreciable.

Todo plan de nutrición se enfrentaba a una gran dificultad: Ibarra solo podía desplegar todo su talento con esos kilos de más que llevaba encima. Los propios dirigentes y asistentes sabían de esto, mencionando que no debía repetirse lo ocurrido en Libertad, donde le hicieron adelgazar tanto que perdió su potencia. Era como si su peso era el equivalente al cabello de Sansón, la fuente de toda su fuerza y en parte de su talento.

A medida que su cuerpo no aguantaba el rigor e intensidad de un partido de 90 minutos, el rol del Ancho cambió de conductor del equipo por 70 minutos a uno de “super sustituto”, entrando en el segundo tiempo, cuando los rivales ya estaban cansados y él, fresco y listo para brillar, podía aprovechar toda su capacidad para colocar la pelota en el lugar exacto para sus compañeros.

“Nosotros no pretendemos que el jugador vaya a bajar demasiados kilos también, porque podría perder potencia” – Jorge Cáceres

Su peso fluctuaba como las mareas, subiendo y bajando a través de los años, pero nunca de manera predecible. En el 2007 lo describian como el “No tan Ancho Ibarra”, pero esta etapa duraría poco, ya que en pocos meses volvió a su sobrepeso habitual. Sin importar cuanto intentaban, aquel problema era uno que, por suerte, nunca podrían resolver.

Un Ancho arquero

El Ancho siempre fue un jugador que con su estilo de juego no buscaba el destaque individual, sino el beneficio de sus compañeros y de todo el equipo, estando dispuesto a sacrificarse y arriesgarse con tal que el grupo salga fortalecido.

El 8 de marzo del 2008 Tacuary enfrentaba a Nacional en el Roberto Bettega, en un partido que parecía ser uno más de aquellos que en menos de 24 horas ya eran borrados del subconsciente futbolero. El partido pasó de intrascendente a histórico en una jugada: la expulsión de Carlos Servín, arquero de Tacuary. En ese momento el equipo ya había utilizado sus 3 cambios, entre ellos al super sustituto Ibarra. Ante la mirada incrédula de todos los presentes, fue el Ancho quien tomó la posta, se calzó los guantes, se puso el buzo de arquero y tomó su posición entre los tres palos.

Hasta de arquero jugó el Ancho (ABC Color)

Hasta de arquero jugó el Ancho (ABC Color)

Según cuenta la leyenda, el buzo de arquero apenas podía cubrir la voluminosa silueta del mediocampista, pero las fotos demuestran que le quedaba justo, pero bien puesto. Los jugadores de Nacional esperaban un festín contra el pobre Ancho, pero fue él quien se llevó todos los elogios, atajando con solvencia las pelotas que llegaban al arco. Fue tan buena su actuación que Tacuary hasta convirtió un gol mientras el estaba en el arco, finalmente ganando el partido por 2-1. El tener a la línea de 9 típica de Francisco Ocampo lo ayudó bastante, pero hay pocos jugadores de campo que pueden aguantar tanto tiempo en esa posición y escapar con la valla invicta.

Solo unos 300 privilegiados pudieron ver aquella mágica jornada del Ancho como guardián del arco, un hecho que definitivamente nunca se repetirá en este deporte.


En la parte final: el destaque internacional del Ancho, su carácter combativo y su actualidad como técnico. Leer la tercera parte.

Imagen principal: Ultima Hora

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