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Alemania – Austria 1982: el gran arreglo

Hoy se enfrentan Alemania y Estados Unidos, en un partido que muchos creen que ya está arreglado antes que se mueva la pelota. Esto se debe a que solo necesitan un empate para que ambos pasen de ronda y porque Joachim Low fue el asistente de Jurgen Klinsmann cuando este último fue técnico de Alemania en el Mundial 2006.

Uno pensaría que no se dan este tipo de arreglos en Mundiales, pero estaría equivocado. El propio equipo alemán fue partícipe de uno de los episodios más vergonzosos de la historia del torneo: el partido con Austria en la primera ronda del Mundial de España 1982.

En el grupo 2 se enfrentaban Alemania Occidental, Austria, Argelia y Chile. El primer partido era entre alemanes y argelinos, y los teutones pensaban que iba a ser un trámite. Uno de los jugadores dijo “Dedicaremos el séptimo gol a nuestras esposas y el octavo a nuestros perros” mientras que otro hablaba que si le dejaban iba a jugar fumando un cigarro los 90 minutos. Al sonar el pitazo final los alemanes no sabían dónde meterse, porque los argelinos les avergonzaron, venciendo por 2 a 1.

Las victimas del arreglo: Argelia.

Las victimas del arreglo: Argelia.

Argelia festejó el triunfo como si hubiera ganado el Mundial, algo que terminó afectándoles en el partido con Austria, donde perdieron 2 a 0, mientras que Alemania le pasó por encima a Chile por 4 a 1. Austria había vencido a Chile en la primera fecha por 1 a 0, así que llegaban a la última fecha en estas posiciones (cuando eso las victorias valían solo 2 puntos):

1. Austria: 4 puntos, +2
2. Argelia: 2 puntos, -1
3. Alemania: 2 puntos, +2
4. Chile: 0 puntos, -4

En la última fecha jugaron Argelia y Chile a primera hora, ganando Argelia por 3 a 2. Esto significaba que alemanes y austriacos ya sabían que resultados necesitaban para pasar: Alemania tenía que vencer a Austria por 1 o 2 goles para que los 2 clasifiquen (cualquier resultado por encima de eso y Argelia pasaba por diferencia de gol) y un empate o triunfo austriaco eliminaba a los alemanes. Nadie que fue al estadio “El Molinón” en Gijón aquel 25 de junio esperaba lo que ocurriría en los 90 minutos siguientes.

A los 11 minutos convirtió el grandote Horst Hrubesch para Alemania y ambos equipos atacaron constantemente durante el primer tiempo. Al ir al descanso parece que hubo algún tipo de conversación, porque el segundo tiempo fue totalmente distinto. Los dos equipos tocaban la pelota entre ellos como si estuvieran quemando minutos. Cada pase era o un pase hacia atrás o un cruce que recuperaba el rival. La línea del mediocampo parecía electrificada, porque ninguno de los jugadores estaba dispuesto a ir más allá de ella.

Mientras pasaban los minutos y este estilo de juego continuaba los hinchas empezaron a impacientarse. De la impaciencia pasaron a la rabia y la indignación, porque asumían (correctamente) que el partido ya estaba arreglado. Algunos de los hinchas más enfurecidos empezaron a agitar billetes y quemarlos, otros mostraban pañuelos para estar en desacuerdo, varios trataban de saltar encima del tejido para invadir el campo y un hincha alemán llegó a quemar su propia bandera. Los periodistas también se unieron a la protesta, como un relator austriaco que se quedó en silencio por 30 minutos y pidió a sus oyentes que apaguen sus radios para no escuchar semejante vergüenza.

Partícipes del robo.

Partícipes del robo.

Algunas de las estadísticas muestran lo que fue el segundo tiempo: solo tuvieron 3 tiros al arco (todos afuera), cada equipo tuvo 98% de efectividad de pase (porque solo se pasaban la pelota atrás sin que nadie marque), solamente se recuperaron 6 balones del rival, entre otros datos llamativos.

Finalmente el partido terminó 1 a 0, con ambos equipos clasificados y los pobres “zorros del desierto” fuera por un arreglo infame. El repudio fue inmediato, con rechazo de todo el mundo futbolístico. El propio técnico de Alemania Jupp Derwall admitió tiempo después “queríamos avanzar, no jugar al fútbol”. Un dirigente austriaco dijo que los de Argelia protestaban porque no tenían suficientes escuelas, demostrando así que además de ladrones y pichados también eran ignorantes. Hinchas alemanes fueron a protestar contra el equipo al hotel y los jugadores respondieron tirándoles globitos de agua desde sus ventanas.

La federación argelina presentó una protesta ante la FIFA, la cual abrió una “investigación”, pero no pudo demostrar ningún arreglo. Los propios jugadores no estaban tan molestos, porque según el defensa Chaabane Merzekane “ver a dos potencias avergonzarse a sí mismas solo para dejarnos afuera era todo un tributo para Argelia”.

Este partido si obligó a la FIFA a implementar la regla que los partidos definitorios se jueguen al mismo tiempo, para evitar este tipo de especulaciones.

Hasta hoy en día este partido es considerado uno de los arreglos más antideportivos de la historia de los Mundiales. Los alemanes tuvieron que soportar años de rechazo para que su propia gente vuelva a apreciar a su selección. Hoy puede volver a darse esa posibilidad, y aunque lleguen a empatar por mera coincidencia, todos dirán que fue un arreglo, al igual que aquella triste tarde en “El Molinón”.

(Información obtenida de los artículos de Rob Smyth y Paul Doyle del diario The Guardian)

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