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De interino a campeón: el camino del “Tiburón” Torres a la cima del Apertura

El 2015 apenas duró 42 días para Cerro Porteño, o al menos eso parecía el 11 de febrero, cuando el árbitro Leandro Vuaden daba el pitazo final y firmaba el certificado de defunción del “Ciclón” en la Copa Libertadores ante el Deportivo Táchira. Millones de dólares invertidos en jugadores e infraestructura, arreglos publicitarios, todo esto para gran parte de la afición azulgrana ya se habia convertido en humo.

Entre las llamas del fracaso que envolvían a la institución apareció un inesperado salvador, el hombre que catapultó a Cerro a lo más alto del campeonato: el “interino” Roberto “Tiburón” Torres.

Para muchos simplemente era un parche hasta que aparezca algún otro técnico extranjero, pero el “Tiburón” calló a los escépticos con resultados, rozando la perfección y manteniendo un nivel de efectividad pocas veces visto en nuestro fútbol.

Estos son los puntales de la era Roberto Torres en Cerro Porteño:

El mediocampo como cimiento

El esfuerzo de Fidencio, una constante en el equipo de Torres (D10.com.py)

El esfuerzo de Fidencio, una constante en el equipo de Torres (D10.com.py)

El principio del fin de la era Astrada se vino con la suspensión a Fidencio Oviedo por indisciplina. Esta suspensión fue la decisión correcta, pero tomar una medida así fue el equivalente a cortarse la propia mano, ya que el perjuicio fue mayor para el plantel que para el jugador. Sin Fidencio el mediocampo azulgrana se convirtió en un colador y los rivales como Táchira y Guaraní se pegaron festines en la ofensiva.

Desde el momento que asumió el “Tiburón” el sabía que lo primero que debía hacer era imponer un mediocampo que se asemeje a su estilo de juego en los años 90: devorando a los creativos rivales, corriendo como si tuvieran tres pulmones, siempre siendo los que dejan el alma en la cancha, sin importar que estén jugando el peor partido de sus vidas. Bajo el mando de Torres en el banco y Fidencio en el campo, este estilo se impuso partido tras partido.

Mientras que Oviedo era el Demonio de Tasmania, un mini tornado recorriendo la cancha, destruyendo el esquema del contrario y persiguiendo la pelota como si tuviera un imán, jugadores como Miguel Paniagua, Jonathan Santana y Rodrigo Rojas iban detrás de él con la escoba, recogiendo los restos, tapando cualquier hueco que haya dejado en el esquema en su afán por recuperar el esférico y entregando la pelota a los jugadores ofensivos. Este balance entre presión incesante y buen posicionamiento es lo que ancló a todo el equipo.

Esta presión sirvió para crear jugadas de gol, como el primero ante Nacional. El cabezazo de Fidencio es el que evita el contragolpe, tira la pelota al área y termina en el gol de Burno Valdéz

En el primer gol ante General Díaz es la marca asfixiante de Paniagua bien arriba en el campo que lleva al jugador del “Águila” a tirar un pase desesperado atrás, directo al camino de Sergio Díaz, quien abre el marcador.

Quizas el momento cumbre del “Tiburón” como estratega fue adaptando este mediocampo en el partido contra Guaraní. Después que Jonathan Santana se haya roto las costillas parecía que no tendría otra opción que poner a un jugador que marque menos, pero Torres sorprendió a todos poniendo a César Benitez como volante central.

Lo que en el momento pareció un cambio guiado por la desesperación terminó siendo la estrategia ganadora. Benitez marcó a los jugadores de Guaraní al punto que parecía que los mismos no estaban en la cancha y el “Ciclón” logró la victoria más importante de todo el campeonato, la que encauzó al equipo hacia el título.

Cerrando las compuertas

Al tener una línea de protección frente a ellos, la siempre frágil defensa cerrista se vio robustecida como nunca desde que llegó el “Tiburón”. Su principal problema al comienzo del año fue el lateral izquierdo, que en la última década ha sido casi como un Triangulo de las Bermudas para el “Ciclón”. Contrataron a David Mendieta para darle mayor dinamismo a aquel costado, pero olvidaron que su caracteristica es subir, subir, subir, sin enfocarse en el lado de la marca, por lo que la defensa terminaba haciendo agua por todos lados.

El “Tiburón” al llegar impuso el viejo modelo que tanto había molestado a los hinchas cerristas en los últimos años: un central como lateral. Los eternamente puteados Junior Alonso y César Benitez demostraron tener la capacidad de marcar y de subir lo suficiente para ayudar al equipo en ofensiva, sin olvidar que su principal labor es la de impedir que entren goles, no de ir hacia arriba porque el público quiere que el equipo juega como Brasil de 1982.

Este blindaje del costado izquierdo le dio más libertad al jugador que es más eterno que Highlander, Carlos Bonet. A los 37 años Bonet, que serían unos 70 en años futbolísticos (?), hizo del costado derecho su franja de dominio y construyó un imperio a base de corridas, pases, centros y paredes que ayudaron a cada jugador del plantel. El máximo ejemplo de esta entrega y eficiencia fue la jugada en la que dio la asistencia del gol a Sergio Díaz para comenzar la remontada ante Sol

Esta corrida no fue al comenzar el partido, sino que fue a los 66 minutos, etapa del partido donde varios jugadores ya necesitan un tanque de oxígeno para poder seguir jugando.

Con los costados bien resguardados, los centrales pudieron proteger el área con solvencia. El baluarte atrás es el joven Bruno Valdéz. “Chino” se ganó un lugar en el plantel provisorio de la Copa América gracias a sus anticipos, la velocidad y como enfrenta sin miedo a cada delantero. Tanto él como Victor Hugo Mareco siempre tratan de sacar la pelota a ras del piso, pero a la hora de marcar no tienen miedo a meter la pierna fuerte para sacudir a los rivales.

En el caso que alguna pelota logre filtrarse estaba Diego Barreto para impedir el gol. En enero todos lo daban por transferido y con su ciclo terminado, pero este semestre Barreto recuperó el apoyo de la hinchada gracias a su liderazgo y grandes atajadas. El club espera que esta racha siga así, porque siempre es positivo tener a un arquero con su talento, dedicación y experiencia.

Con esta muralla en el fondo el equipo del “Tiburón” le negó el gol a todos sus rivales, solamente recibiendo 9 goles en 15 partidos, recibiendo más de un gol solamente contra Capiatá en la fecha 8 y manteniendo el arco en blanco en 8 partidos, mas del 50% de los que disputó el equipo bajo el mando de Torres.

Poder de fuego

La dupla del gol,  José Ortigoza y Sergio Díaz (IP Paraguay)

La dupla del gol, José Ortigoza y Sergio Díaz (IP Paraguay)

De la misma manera que el mediocampo reforzó el lado defensivo, los atacantes fueron beneficiados con mayor libertad para hacer lo que mejor saben: dejar atrás a los defensores con paredes y gambetas. Como mediapunta se vio el renacimiento de Jonathan Fabbro, quien se reencontró con su juego rápido y lujoso y ya no parecía que corría como si estuviera metido en un tanque lleno de alquitrán.

En el momento que asumió Torres no tenía a su disposición al crack Sergio Díaz, quien estaba jugando el sudamericano sub-17, por lo que desechó la idea de poner 3 atacantes, en lugar de eso utilizando al juvenil Matías Rojas por izquierda y a Fabbro y Ortigoza arriba. Liberado de las cadenas de la marca Fabbro floreció, desplegando su talento, dando asistencias teledirigidas y convirtiendo goles fundamentales, como ante General Díaz en el campo minado llamado Adrián Jara.

Mientras Fabbro hacía de las suyas, José Ortigoza seguía rompiendo las redes. Hoy ya tiene 11 goles y es uno de los goleadores del campeonato. A pesar que muchos criticaron su tendencia a caerse cuando un defensor está a 2 metros de distancia, “Tiburón” lo consideró inamovible y respondió al apoyo con goles y más goles.

Desde la vuelta de Díaz en la fecha 13 la producción ofensiva explotó, convirtiendo 20 goles en las 8 fechas. El “Kun” solo necesito una jugada para descaderar a media defensa de Santaní y dejar servido el gol para Ortigoza. Con el tridente Fabbro-Díaz-Ortigoza el equipo se volvió aún más imparable

Como si tener a 3 jugadores de tal calibre no fuese suficiente, Torres recurrió a su banco cuando las chances no aparecían. Entre Cecilio Domínguez y Miguel Almirón siempre tenía una carta de desequilibrio a su favor, y las usó de manera brillante, de lo cual hablamos en la siguiente sección. Hasta encontró lugar para Guillermo Beltrán, quien agradeció el tiempo que le dieron con dos goles y una asistencia de antologia que llevó al gol de la victoria contra Nacional:

No es tarea fácil alimientar todos esos egos en la ofensiva, pero el “Tiburón” pudo hacerlo, manteniendo a jugadores insaciables contentos con minutos limitados. Como el mismo dijo, más que un estratega el es un “administrador de talentos”

Monarcas del último minuto

Como nunca este año el Ciclón hizo honor a su apodo y a su fama de remontar partidos en las últimas jugadas del partido. Cerro pudo remontar nada menos que 5 partidos en los últimos 5 minutos, empatando ante Santaní y venciendo a Libertad, San Lorenzo, Sol y Nacional. 2 de estos partidos no fueron durante la era “Tiburón”, pero la misma suerte siguió en su ciclo.

Sin estas remontadas Cerro hoy tendría 9 puntos menos, por debajo de Guaraní y esperando un milagro para poder alzarse con el campeonato.

Así llegó Cecilio Domínguez a Cerro, trayendo su peinado y los goles agónicos (ABC Color)

Así llegó Cecilio Domínguez a Cerro, trayendo su peinado y los goles agónicos (ABC Color)

El “hombre remontada” de los azulgranas fue el aquel de los mil peinados: Cecilio Domínguez. Algunas veces con un afro, otras con rodete, otras con un flequillo emo, pero siempre acompañado por la suerte al final de los partidos, Domínguez impuso su sello en el ocaso de los partidos. Su primer gol en el torneo sirvió para tumbar a un rival directo como Libertad y luego también sepultó las chances de su ex-equipo, Sol, con un gol en el tiempo de descuento.

Estos triunfos agónicos que seguramente hicieron perder años de vida a cientos de hinchas cerristas son una muestra de la fortaleza mental de todo el plantel. Solo un equipo que tiene enorme confianza logra torcer el destino que parece inexorable, atacando como si no hubiera mañana. En otros casos el equipo en lugar de recomponer fuerzas se desplomaría, asumiendo el empate o derrota como una certeza. También fueron una muestra que los cambios del “Tiburón” dieron éxito, porque con sus modificaciones el resultado terminaba siempre a su favor.

Por encima de todo, es inevitable pensar que existe la “suerte de campeón”. Sea suerte, culo, pedo, como quieran llamarlo, las pelotas que para muchos terminaban afuera o salvadas por la uña de los arqueros, estas terminaban adentro cada vez que Cerro lo necesitaba.

Humildad ante todo

Este intercambio resume lo que es la forma de pensar del “Tiburón”

[power_title color=”#33903f” ]- “Profe, la camisa ya es cábala a estas alturas”.

– “No, lo que pasa es que yo tengo pocas camisas”.[/power_title]

Como diría Forrest Gump, eso es todo lo que tengo para decir sobre eso.


A casi 4 meses de la supuesta defunción de Cerro Porteño en el 2015 Barrio Obrero está de fiesta, festejando un nuevo campeonato. Como pocas veces la hinchada canta con tantas ganas el famoso “…y de la mano del Tiburón”, toda la vuelta vamos a dar”. Humildad, manejo de grupo, estrategia y mentalidad ganadora, todo esto trajo Roberto Torres a Cerro y su lealtad fue pagada con un campeonato. Ahora enfrenta el resto del año no como un interino más, sino como ídolo del pueblo azulgrana.

Imagen principal: Hoy.com.py

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