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La pasión sin barreras

Colores y bullicio. Cada quién se rompe la garganta para darle insumos de aliento a los que defienden los colores que representan su pasión. Allí, en medio de toda esa escena, una voz que no solo alienta a su equipo, sino también da voces de aliento por una sociedad más inclusiva.


Cuidado, despacito, ahí hay un pozo que me puede lastimar. Despacio nomás, no hay apuro, es temprano todavía. Mirá, ahí podemos pasar, es tierra y troncos pero llegamos hasta el alambrado”.

Lentamente los “cancheros” van terminando la marcación de los límites del campo de juego, todavía el sol derrama con fuerza sus rayos sobre el gramado, aunque unos añosos árboles se alían a los pioneros de la jornada futbolera para ofrecerles un poco de cobijo fresco para combatir los más de 36 grados urticantes.
Pasan las horas, va llegando gente al “baile”, el tráfico en los alrededores se hace cada vez más tedioso, el rival viene con mucha gente… y ruido. El estadio, aunque humilde, luce radiante, los cánticos ya le ponen ambiente a la jornada. Usualmente no hay tanta gente, pero hoy está en juego el liderato, el contrario tiene arrastre y los seguidores del local también están entusiasmados. Generalmente es más tranquilo, pero hoy habrá que librar alguna que otra “batalla” por no perderse ningún detalle del espectáculo deportivo.

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Como siempre y ya un fenómeno propio de nuestras canchas, la recaudación habla de unas 800 boletas vendidas, pero en el escenario deportivo se dieron cita por lo menos unas 2500 personas. Entre esas 2500 voces, se escucha no muy fuerte pero sí nítida, una que resalta con claridad.

El primer tiempo entra en su etapa final, la hinchada visitante hace silencio, los de azul emprenden un ataque que se avizora promisorio, los simpatizantes locales no pueden evitar el murmullo, la triangulación es buena, a ello le sigue un buen desborde por derecha, luego el centro con precisión, un joven y delgado delantero que porta la 19 en la espalda salta más que todos y usa la cabeza para hacer chocar con fuerza ese caprichoso esférico contra las mallas del arco rival.

“Goooooooooooollllll. Golazo de Duré. Pucha como corren estos muchachitos”.

Transcurren unos pocos minutos, pese a la victoria del equipo local el partido es parejo y ahora es el rival el que asoma con cierto peligro, el bullicio se mudó a las gradas de en frente, una conexión que promete entre dos jugadores rivales, otro centro, el arquero hace un mal cálculo, el impredecible balón parece tener vida propia, queda a disposición del delantero rival a centímetros de la línea de gol y el desenlace es inevitable. Empató el visitante.

“Qué macana se mandó el arquero. Salió muy mal. Ndera, que rápido nos empataron”. Unos segundos más y Eber Aquino mandó a los 22 jugadores a los vestuarios a descansar. Sol de América y Sportivo Luqueño empataban a un gol en Villa Elisa, por el campeonato paraguayo de Primera División.

Los muchachos comenzaron a movilizarse en busca del baño o el árbol más cercano, para poder ver más “livianitos” el segundo tiempo. Esa movilización de personas, permitió divisar a un hincha, igual a todos, que festejó con garra el gol de los suyos, que sufrió el empate y cuestionó con dureza a su arquero, si, asimismo, exactamente igual que los demás. Sin embargo el esfuerzo que tuvo que hacer para llegar hasta allí era inmensamente mayor al que hicieron todos los demás. Se trata de César Adorno, fanático del Club Sol de América.

“Somos 5 generaciones de hinchas de Sol. Tengo el azul impregnado en el alma. Nací solense y voy a morir así” decía con una inconmovible seguridad.
Es un hincha como cualquier otro, solo que las condiciones de su derredor lo ponían en un escenario diferente.

Estaba en una silla de ruedas, por lo que le llevó mucho más trabajo llegar hasta algún sitio que le permitiera disfrutar de lo que sucedía en el campo de juego. Es que ese estadio, como todos los otros en el país no está preparado para que todos puedan disfrutar de su pasión.

“Es extremadamente necesario para nosotros que los clubes, la APF, la organización del fútbol en general reacondicione los estadios y haga las adaptaciones necesarias para que sean accesibles. Acá en el Estadio de Sol vengo porque no hay muchos obstáculos, si bien no tiene las medidas de accesibilidad por lo menos se puede llegar hasta cerca de la cancha para ver los partidos. Acá siempre vengo, pero a las otras canchas, a los otros estadios no puedo ir, tengo que conformarme con ver por televisión lastimosamente. Imaginate lo que es eso para un fanático como yo” dice César con una mezcla de conformidad e impotencia.

“Tendría que ser una obligación que todos los estadios del fútbol paraguayo implementen medidas de accesibilidad para permitir el ingreso y desplazamiento de las Personas con Discapacidad. Tiene que ser obligatorio. En otros países ya se implementa, deberíamos nosotros comenzar a imitar. Nosotros tenemos derecho también a participar de éstos eventos deportivos, tenemos derecho al ocio y las condiciones tienen que estar dadas para eso. Somos personas normales que también queremos formar parte de todos los espacios de la sociedad, el fútbol, el ocio, el esparcimiento también es una actividad importante para el desarrollo de la persona” argumenta con una incuestionable claridad mental.

César Adorno, con su familia. Una generación de hinchas de Sol de América.

César Adorno, con su familia. Una generación de hinchas de Sol de América.

Un accidente automovilístico lo dejó en una silla de ruedas. Un fuerte choque y la no utilización del cinturón de seguridad lo dejaron sin la posibilidad de caminar.
“Ésta es una condición en la que están muchas personas, personas que tienen los mismos derechos. Debo decir sin embargo como aspecto positivo que nunca me sentí discriminado. La gente siempre se acerca a ayudarme, a darme una mano. No puedo quejarme en ese sentido, no siento discriminación” suelta mirando de reojo la vuelta de los equipos al campo.

Sigue hablando y ahora va más allá de las canchas: “También debería hacerse lo mismo en las calles, las plazas, los lugares públicos y privados” remarca con firmeza.
Vuelven los equipos, se reanuda el juego, la anécdota cuenta que el resultado final fue de 3 a 3, pero lo verdaderamente importante es que se levantó una voz que debe escuchar toda la sociedad.


Fuente: Dirección de Comunicación Social y Relaciones Públicas – SENADIS.

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